viernes, 25 de enero de 2008

El peligro de sentirse "media naranja"


Así lo hemos escuchado decir por años, "él es mi media naranja", "ella es mi media naranja", esa fué la frase que se usó por mucho tiempo y que aún muchas personas siguen itilizando para describir su relación de pareja. Aunque esta frase parezca sólo un grupo de palabras simbólico e inofensivo, su significado profundo guarda una idea errónea y hasta peligrosa de lo que debe considerarse una relación de pareja. En primer lugar, afirmar que "él es mi media naranja" implica que yo "soy incompleta" y viceversa. Y en segundo lugar, pensar que somos sólo la mitad de algo hace que cuando pensemos en la pareja como la otra mitad que nos falta, torne nuestra vida, nuestra voluntad y hasta nuestra libertad dependiente en un ciento por ciento de la otra persona. La pregunta es ¿Es esto bueno? Porque si sólo soy una "media naranja" en la vida, dependeré siempre y en todo momento de otra "media naranja" para poder fluir en la vida. Tal vez sea hora de enterrar ese viejo y perimido concepto de las medias naranjas y las personas en mitades, para comenzar a entender que cuanto más enteros estemos como personas, tanto emocionalmente como intelectualmente, podremos enfrentar con mayor maduréz nuestros proyectos sentimentales, no sólo en el nivel de la pareja sino también en el terreno de la amistad.

Muchas veces he visto y conocido personas que dependen tanto de los otros en vez de vivir sus propias vidas viven a partir de las de otras personas, y cuando aquellas dejan un espacio vacío simplemente la persona se queda desorientada y sin rumbo. Tener una vida propia es fundamental no sólo para nuestra salud intelectual sino especialmente para nuestro bienestar emocional. Todos podemos tener objetivos en la vida, sean éstos grandes o pequeños, más o menos importantes, pero todos podemos hacerlo. El proyecto personal de vida debe nacer de aquello que siempre estuvo en nuestras mentes, aquello que podríamos hacer de por vida, aquello que tanto nos gustaría realizar. Para algunos es seguir una carrera en la universidad, para otros la práctica de un deporte, para algunos viajar, practicar la filantropía, etc. Siempre habrá algo que nos interese y nos importe como para dedicarle una calidad especial de nuestro tiempo y esfuerzo. Pero lamentablemente muchas veces se escucha decir "yo dejé la universidad por criar a mis hijos".. ó "me hubiera gustado ser músico, pero mi tiempo.. ó "siempre quise estudiar escultura pero.." y así sucesivamente. La lista de excusas es interminable. Lo mismo ocurre con aquellas madres que han dedicado ejemplarmente sus vidas a criar varios niños y que en el camino han dejado olvidados muchos anhelos y proyectos incumplidos, y entonces cuando todos sus hijos se casan y hacen sus propias vidas, esas madres abnegadas sienten un vacío y un aburrimiento con el cual no saben qué hacer.

Pero la verdad es que siempre hay algo que queremos hacer, algo que nos importa hacer por nosotros mismos, y si así no fuera, eso sería una señal de alarma de que algo no anda bien con nosotros, con nuestra relación interna con nosotros mismos. Si todo en nuestras vidas gira en torno a depender de la vida de otros, entonces estamos en propblemas. Es muy importante el "compartir" con otros y esto no debe confundirse con "depender" de otros. Esta es la razón por la cual es fundamental comenzar desde el mismo inicio de una relación de novios un proyecto de vida que incluya el propio. Es fundamental tener vida propia para poder 'dar' al otro lo que deseamos dar. Un proyecto de vida propio es lo que nos proporciona una identidad definida, nos proporciona una fuerza conductora de nuestra voluntad y nuestra vida toda, que nada ni nadie, ninguna circunstancia adversa de la vida puede lograr que nos derrumbemos y caigamos en un pozo de desesperanza o depesión. Cuando las personas que conforman una pareja tienen sus vidas individuales bien conformadas, pueden compatrir esas vidas mutuamente con mayor riqueza espiritual y despiertan mayor interés del uno en el otro. En cambio cuando una persona depende completamente del otro, cuando no existen experiencias personales que veyan más allá de las compartidas en pareja, todo puede tornarse aburrido y generalmente uno u otro se cansan de la relación.

Una vida en pareja con espacios de tiempo personales para que cada uno de los novios o esposos puedan dedicarse a sus propios proyectos individuales es fundamental para una relación aireada y rica en experiencias que alimenten esa relación de manera dinámica y siempre nueva.

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