viernes, 25 de enero de 2008

Empecemos, ¿por la iglesia o por el juzgado?

Bueno… ya nos hemos decidido, y ha llegado la hora de dar el gran paso nos casamos! pero, dónde? y cómo? Será una de las primeras grandes preguntas: ¿por la iglesia o por el juzgado?

Las parejas pueden tener en cuenta varias cosas a la hora de decidirse, como la belleza del entorno, si cabrán todos los invitados… una gran mayoría aún se decanta por celebrar su boda en un templo, aunque el compromiso de los contrayentes con su religión suele ser escasa, cuando no nula. ¿Por qué? Porque es más tradicional, más bonito, las fotos quedan mejor (aunque hay ayuntamientos mucho más bonitos que muchas iglesias), contentar a padres y abuelos… no suelen abundar las razones de la fe, o simplemente que a los novios les parezca espiritualmente importante.

Nosotros finalmente nos casamos por la iglesia. Ambos somos creyentes, aunque nada practicantes, como casi todo el mundo. Pero realmente lo hicimos porque le encontramos un sentido, gracias a la persona que nos ofició. Una persona genial que conocimos oficiando una bendición en las bodas de plata de mis suegros, día en que decidí que si alguna vez me casaba, lo haría si me casaba él.

Es Juan, un hombre maravilloso con una experiencia de vida increíble a pesar de su juventud (de la quinta de mis suegros). Después de trabajar en muchas y dispares cosas, ahora es profesor de religión, casado, padre de tres hijos, y diácono. Es, como yo le digo, un hombre de Dios. Pero no es un sacerdote. Cuando le pedimos que nos casara aceptó encantado (y ni siquiera somos de su parroquia). Sacó para nosotros todo el tiempo que pudo, y tuvimos un ‘cursillo prematrimonial’ que sólo un ‘hombre de Dios’, pero que está casado y sabe de lo que habla, puede hacer. Hizo que nuestra boda tuviera sentido, porque yo no quería para nada casarme por la iglesia porque sí. Y tanto significó, que lo más bonito y lo que más recuerdo de mi boda siempre será la ceremonia, el momento en que me casé.

En mi humilde experiencia, a aquellos que están en este dilema, les recomendaría que no pensaran que la ceremonia es un puro trámite… lo demás es lo que en realidad es accesorio. Un vestido caro y maravilloso, un banquete suntuoso o una luna de miel en el paraíso no son nada comparado con el momento trascendente de mirarte a los ojos y entregarte.

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